Contratos que te protegen el día que algo se tuerce, no solo el día que firmas.
Firmas contratos casi sin leerlos. O cierras tratos de palabra, con un apretón de manos y buena fe. O te descargas una plantilla de internet, le cambias el nombre y das por hecho que con eso vas servido.
Y mientras todo va bien, da igual. El contrato duerme en un cajón y nadie lo mira.
El problema aparece el día que la otra parte deja de pagar, incumple un plazo, se lleva tu cliente o desaparece. Ese día abres el contrato a ver qué dice, y descubres que no dice nada de eso. O que dice justo lo contrario de lo que creías. Ahí es cuando un buen contrato vale lo que cuesta, y un mal contrato te cuesta mucho más de lo que te ahorraste.
Un contrato mercantil regula la relación entre empresas o entre profesionales en su actividad económica. Una compraventa entre dos empresas, la distribución de un producto, un servicio que prestas o que te prestan. Todo eso es un contrato mercantil, lo llames así o no.
Su marco general está en el Código de Comercio y, sobre todo, en la libertad de pactos del artículo 1255 del Código Civil. En cristiano: dentro de la ley, tú y la otra parte podéis pactar lo que queráis. Eso es una ventaja enorme y también una trampa.
Es una ventaja porque puedes adaptar el contrato a tu operación concreta. Y es una trampa porque todo lo que no dejes escrito lo va a decidir la ley por ti. Y la ley, cuando rellena los huecos que tú dejaste en blanco, casi nunca lo hace como a ti te conviene.
Por eso importa tanto cómo está redactado. Un contrato no es un trámite para tener un papel firmado. Es el documento que se va a leer, palabra por palabra, el día que haya un problema. Y ese día ya no se puede cambiar. Aquí puedes ver también en qué te ayuda un abogado mercantil en Madrid más allá de los contratos.
No todos los contratos se parecen ni se juegan lo mismo. Estos son los que la abogada redacta y revisa con más frecuencia.
La compra y venta de bienes o mercancía entre empresas. Parece sencillo, hasta que llega un producto defectuoso, un pago que no entra o una entrega que no llega. El contrato debe dejar claro qué se vende, cuándo se paga, quién responde si algo falla y qué pasa si una parte no cumple.
Tú prestas un servicio o se lo encargas a otro. Lo importante es delimitar el alcance, los plazos, el precio y la responsabilidad de cada parte. Y, cuando el que presta es un autónomo, que el contrato no acabe pareciendo una relación laboral encubierta.
Acuerdas que otra empresa distribuya tus productos o que un agente cierre operaciones por ti. Territorio, exclusividad, objetivos, duración y, sobre todo, cómo termina la relación. La agencia, además, arrastra su indemnización por clientela al acabar.
Cedes tu marca y tu modelo de negocio, o entras en el de otro como franquiciado. Es uno de los contratos más completos y desequilibrados que existen. Saber qué firmas, y qué te obliga durante años, es la diferencia entre un buen negocio y una atadura.
Vas a enseñar información sensible a un posible socio, cliente o proveedor antes de cerrar nada. El acuerdo de confidencialidad protege lo que cuentas para que no acabe en manos de quien no debe ni usándose contra ti.
Las condiciones que tu empresa aplica a todos sus clientes por igual, sin negociarlas una a una. Tienen su propia ley y unos requisitos para ser válidas. Mal redactadas, no te protegen y pueden volverse en tu contra.
Hay dos formas de llegar a un contrato, y la abogada trabaja las dos.
Una es redactarlo a tu medida. Partimos de tu operación concreta, de lo que de verdad vas a hacer y de lo que te juegas, y construimos un contrato pensado para proteger tu posición. No una plantilla con tu nombre puesto encima, sino un documento que encaja con tu negocio.
La otra es revisar el contrato que ya te han pasado para firmar. Te llega un documento de la otra parte, largo, en su lenguaje, y te dicen que es lo de siempre, que firmes. Casi nunca es lo de siempre. Ese contrato lo ha redactado su abogado, para protegerla a ella. La abogada lo lee entero, te marca en cristiano lo que no te conviene, lo que es asumible y lo que hay que negociar antes de poner tu firma. Y si hay que negociar, te ayuda a hacerlo.
Revisar antes de firmar es la diferencia entre saber lo que firmas y descubrirlo cuando ya no tiene arreglo.
Nos cuentas qué operación tienes entre manos y qué te preocupa. La abogada te dice si es algo que podemos resolver y cómo lo enfocaríamos. Hablas con ella, no con un comercial.
Miramos los papeles que ya tengas, el contrato que te han pasado o la operación que quieres cerrar, y te decimos dónde están los riesgos reales. Qué está bien atado y qué no, en cristiano.
Redactamos el contrato a tu medida, o revisamos y negociamos el que te presentan, marcando lo que hay que cambiar. El objetivo: que el día que algo se tuerza, el contrato esté de tu lado.
Un contrato puede tener veinte páginas y, cuando hay un problema, casi todo se decide en cuatro o cinco cláusulas. Estas son las que de verdad se activan el día malo.
La de incumplimiento: qué pasa si una parte no cumple, qué puede exigir la otra y en qué plazo. La de resolución y salida: cómo se termina el contrato, con cuánto preaviso y qué consecuencias tiene irse antes de tiempo. La de responsabilidad: hasta dónde responde cada parte si algo sale mal, y hasta dónde no. La de precio y plazos: cuánto, cuándo y qué ocurre con los retrasos en el pago. Y la de penalización: una cantidad pactada de antemano para el caso de incumplimiento, que ahorra discusiones después.
Estas cláusulas son aburridas de leer cuando todo va bien. Son las únicas que importan cuando va mal. Por eso la abogada se detiene en ellas y no en el relleno.
El contrato de agencia tiene su propia ley, la Ley 12/1992 del Contrato de Agencia, y dentro de ella hay un punto que conviene conocer antes de firmar nada: la indemnización por clientela.
En cristiano: cuando un contrato de agencia termina, el agente puede tener derecho a una indemnización si ha aportado clientes nuevos a la empresa o ha incrementado de forma sensible las operaciones, y la empresa va a seguir aprovechando esa cartera. Para la empresa que tiene agentes, esto es un coste que puede aparecer al final y conviene haber previsto. Para el agente, es un derecho que puede perder si no se atan bien las cosas.
Quién eres en esa relación cambia por completo lo que te interesa pactar. Por eso un contrato de agencia no se firma a la ligera ni se copia de una plantilla. Lo desarrollamos en la página de contratos de distribución y agencia.
Cuando tu empresa contrata con muchos clientes aplicando siempre las mismas condiciones, esas condiciones son condiciones generales de la contratación y se rigen por la Ley 7/1998, la LCGC.
La ley exige que se cumplan unos requisitos para que esas condiciones sean válidas y, sobre todo, para que puedas oponerlas frente al cliente el día que las necesites. No basta con tenerlas escritas en algún sitio. Si no se incorporan bien al contrato, es como si no existieran. Y una condición general mal redactada o abusiva no solo no te protege: puede tumbarse entera y dejarte sin el respaldo que creías tener.
Este es de los que más caro salen. Contratas a un profesional como autónomo, con su contrato de prestación de servicios, pero en la práctica trabaja como si fuera un empleado más: con horario, en exclusiva, con tus medios y bajo tus órdenes.
Cuando eso pasa, ese contrato de prestación de servicios puede esconder en realidad una relación laboral. Y si es así, hay riesgo, porque lo que las partes hayan llamado al contrato importa menos que cómo funciona de verdad la relación.
No siempre que contratas a un autónomo hay problema, ni mucho menos. Pero la prestación de servicios hay que redactarla y, sobre todo, vivirla, de forma que no se confunda con un contrato de trabajo. La abogada te dice dónde está esa línea para tu caso concreto.
Dos líneas que casi nadie lee y que deciden la partida cuando hay conflicto. La ley aplicable dice con qué normas se interpreta el contrato. La jurisdicción dice ante qué tribunales se pelea, o si en su lugar se acude a arbitraje.
Parece un detalle técnico hasta que tienes un problema con una empresa de otra provincia o de otro país, y descubres que el contrato te obliga a litigar lejos, con una ley que no es la tuya y en condiciones que no te convienen. Dejar esto bien atado desde el principio te ahorra empezar perdiendo.
Un contrato bien hecho se nota el día que hay un problema, y para entonces ya no se puede arreglar. Por eso conviene tener detrás a alguien que lo mire antes.
Revisar antes de firmar: la abogada lee el contrato entero antes de que pongas tu firma, no después de que estalle el conflicto. Es ahí, antes de firmar, donde de verdad se puede cambiar algo.
Criterio de empresa: no se trata solo de que el contrato sea correcto en el papel, sino de que proteja tu negocio, tu posición y tu dinero. La abogada mira la operación con ojos de empresa, no solo de norma.
Y hablas directamente con ella, no con filtros ni con una persona distinta cada vez. Despacho en Pozuelo de Alarcón, en la Comunidad de Madrid, para empresas, autónomos y emprendedores de Madrid y de toda España. Un buen contrato es una inversión, no un gasto.
El contrato mercantil regula la relación entre empresas o entre profesionales independientes en su actividad económica. El laboral regula la relación entre una empresa y un trabajador por cuenta ajena, con horario, salario y subordinación. La diferencia importa mucho, porque cada uno tiene sus reglas y sus consecuencias. Y porque a veces un contrato que se presenta como mercantil esconde en realidad una relación laboral, con el riesgo que eso supone.
Sí, y es una de las cosas que más hacemos. Te llega un contrato para firmar, la abogada lo lee entero, te marca en cristiano lo que no te conviene y lo que hay que negociar antes de firmar. Y si hay que negociar con la otra parte, te ayuda a hacerlo. Revisar antes de firmar es justo el momento en que aún se puede cambiar algo.
A medida. Partimos de tu operación concreta y de lo que te juegas, no de una plantilla genérica con tu nombre puesto encima. Un contrato descargado de internet sirve para creer que estás protegido, hasta el día que descubres que no lo estabas. La abogada redacta pensando en tu negocio y en el problema que puede llegar, no en rellenar un formulario.
Depende, en buena parte, de lo que diga el contrato. Si está bien redactado, tendrá previsto qué ocurre ante un incumplimiento: qué puedes exigir, en qué plazo y con qué consecuencias para quien incumple. Si está mal redactado o no dice nada, te toca pelear con lo que la ley establezca por defecto, que casi nunca es lo que más te conviene. Si lo que tienes es un impago, lo vemos en reclamación de impagos.
Un acuerdo verbal puede tener validez, pero te deja en una posición muy débil. El día que hay un conflicto, lo que no está escrito hay que probarlo, y probar lo que se dijo de palabra es difícil y, muchas veces, imposible. Un apretón de manos vale mientras las dos partes quieren cumplir. El contrato por escrito sirve precisamente para el día en que una de las dos ya no quiere. Lo que no está bien atado sale caro.
Sí. El despacho está en Pozuelo de Alarcón, en la Comunidad de Madrid, pero la abogada trabaja con empresas, autónomos y emprendedores de toda España. Buena parte del trabajo con contratos se hace en remoto, por lo que la distancia no es un problema para redactar, revisar o negociar tu contrato.

Mercedes Batanero es abogada especializada en Derecho Mercantil. Trabaja con PYMES, startups, emprendedores y empresa familiar, acompañándolos en las decisiones jurídicas que de verdad afectan a su negocio: constituir bien la sociedad, atar bien los contratos y prever los problemas antes de que lleguen.
Su forma de trabajar se resume en una idea: te dice lo que necesitas oír, no lo que quieres escuchar. Prefiere avisarte de un riesgo antes de que firmes que darte la razón y dejar que el problema aparezca después. Para ella, un buen contrato es una inversión, no un gasto, y lo que no está bien atado sale caro.
Despacho en Pozuelo de Alarcón, Comunidad de Madrid.
Colegiada ICAM 138229.
Utilizamos cookies para mejorar tu experiencia en nuestro sitio. Al continuar navegando, aceptas el uso de cookies.
Manage your cookie preferences below:
Essential cookies enable basic functions and are necessary for the proper function of the website.
You can find more information in our Política de cookies and .