Comprar o vender una empresa es la operación más grande de tu vida. Lo que no se mira antes de firmar, aparece después.
Vas a comprar una empresa, a vender la tuya, o entra o sale un socio importante. Y de repente todo el mundo te habla del precio, del apretón de manos, de cerrar rápido antes de que la otra parte se eche atrás.
El problema casi nunca está en el precio. Está en lo que nadie miró antes de firmar. Las deudas que no figuraban, el cliente que se va el día que cambia el dueño, el litigio que el vendedor no contó o no sabía, el contrato clave que caduca en seis meses. Todo eso aparece después, cuando la empresa ya es tuya y el problema también.
Ayudamos a emprendedores, startups, PYMES y empresa familiar de Madrid a comprar o vender una empresa con criterio: revisando a fondo qué hay debajo, negociando el contrato que protege tu posición y cerrando la operación bien atada ante notario. Para que firmes sabiendo qué compras o qué vendes, no confiando en que todo esté en orden.
Si hay un sitio en España donde se compran y se venden empresas todos los días, es Madrid.
Aquí están las sedes corporativas, los fondos de inversión, las scaleups que crecen comprando, y un tejido enorme de mid-market y PYMES que en algún momento se compran o se venden. La empresa familiar que el fundador quiere traspasar para jubilarse. La startup que recibe una oferta de compra. El socio que sale y hay que comprarle su parte. El competidor que quiere absorber a otro para crecer de golpe.
Esto significa que en Madrid las operaciones de fusiones y adquisiciones no son cosa de grandes corporaciones con un bufete de cien abogados detrás. Son el pan de cada día de empresas normales, de las de verdad, que se juegan en una sola operación buena parte de lo que han construido en años. Y precisamente por eso conviene que alguien que conoce esta materia te acompañe, porque cuando el otro lado viene bien asesorado y tú no, la diferencia se nota en el contrato.
Operar en Madrid tiene una ventaja práctica: el cierre, la escritura ante notario y la inscripción en el Registro Mercantil de Madrid se gestionan aquí, con los organismos de aquí. No es un detalle menor, y más abajo lo verás.
Cuando se compra una empresa hay dos grandes vías, y elegir una u otra lo cambia casi todo. Conviene entenderlas antes de sentarse a negociar.
Compras la sociedad entera. Te llevas el negocio, sí, pero también todo su pasado: sus contratos, sus empleados, sus deudas y cualquier problema escondido, lo sepas o no. La sociedad sigue siendo la misma, con su personalidad jurídica intacta, solo cambia quién es el dueño. La ventaja es la continuidad: nada se rompe. El riesgo es que heredas el pasado completo, incluido lo que no se vio.
No compras la sociedad, compras cosas concretas: una marca, una cartera de clientes, una nave, una línea de negocio, una unidad productiva que funciona. Eliges qué activos te llevas y, en principio, qué pasivos asumes. Más quirúrgico, pero más laborioso: hay que identificar y traspasar cada activo, y algunos contratos o licencias no se transmiten solos.
En cristiano: en el share deal compras la empresa "tal y como está", con sus virtudes y sus sustos; en el asset deal eliges qué te llevas y qué dejas fuera. Para un comprador que quiere blindarse, el asset deal suele dar más seguridad. Para una operación donde la continuidad lo es todo (mantener licencias, contratos y la propia sociedad en marcha), el share deal tiene sentido. Y la fiscalidad de cada parte también pesa, y mucho. Esto es justo de lo que hay que hablar antes de poner nada por escrito.
Comprar o vender una empresa no es un solo acto, es un proceso ordenado. Cada fase tiene su función, y saltarse una, o despacharla deprisa, es justo donde aparecen los problemas. Este es el recorrido habitual de una operación de M&A:
Parece mecánico, y en parte lo es. Pero en cada fase hay decisiones que condicionan el resultado: cuánto retienes del precio hasta que pase el riesgo, qué garantías exiges, qué condiciones pones al cierre. Esas decisiones no las toma un formulario.
Esta es una de las ventajas prácticas de operar en Madrid, y conviene entenderla.
Cuando la operación se cierra, no basta con firmar un contrato privado entre las partes. La compraventa de participaciones de una sociedad limitada se documenta en escritura pública ante notario, y muchas de las consecuencias de la operación (el cambio de administrador, una ampliación o reducción de capital, una fusión o escisión) tienen que inscribirse en el Registro Mercantil para que produzcan efecto frente a terceros. Mientras eso no está hecho, la operación no está cerrada del todo por mucho que las manos se hayan estrechado.
Que el cierre se gestione en Madrid, con notarías de aquí y con el Registro Mercantil de Madrid, hace el trabajo más ágil y más controlable. Conocer cómo se mueven los tiempos de la inscripción, qué documentación se va a pedir y cómo encajar la firma con el pago evita que la operación se quede colgada en el último metro, que es justo donde más prisa hay y menos margen para improvisar.
Por eso preparamos el cierre con tiempo: que la escritura recoja lo que se ha negociado, que la documentación esté lista, que la inscripción salga adelante sin frenazos. El día de la firma no es momento de descubrir que falta un papel.
Nos cuentas qué operación tienes sobre la mesa: comprar, vender o fusionar. La abogada te dice de entrada qué hay que mirar, dónde están los riesgos típicos y qué información hace falta. Sin tecnicismos.
Miramos a fondo la empresa antes de firmar (legal, financiera, fiscal y laboral) y traducimos lo que aparece en palancas de negociación: precio, garantías y condiciones.
Negociamos y redactamos el contrato que protege tu posición (manifestaciones y garantías, ajuste de precio) y preparamos el cierre ante notario y la inscripción en el Registro Mercantil de Madrid.
Si hay una fase que no se puede saltar, es esta.
La due diligence es la revisión a fondo de la empresa antes de comprarla. Se miran las cuatro patas: la legal (contratos, sociedades, litigios, licencias), la financiera (si las cuentas dicen de verdad lo que parecen decir), la fiscal (impuestos pagados y los que puedan venir) y la laboral (plantilla, contratos, posibles reclamaciones). En cristiano: abrir la empresa por dentro y ver qué hay de verdad, no lo que cuenta el folleto.
¿Para qué sirve? Para dos cosas, y las dos valen mucho dinero.
La primera, saber qué se compra de verdad. Una empresa madrileña puede tener un litigio a punto de estallar, una deuda fiscal latente, un alquiler de local con una cláusula que se dispara al cambiar de dueño, contratos con clientes que se marchan cuando cambia el titular, o una plantilla con reclamaciones esperando. Nada de eso aparece en la primera reunión. Aparece cuando lo buscas.
La segunda, negociar con esa información en la mano. Lo que se encuentra no solo sirve para echarse atrás si la cosa pinta mal. Sirve para mover el precio: ajustarlo a la baja, exigir garantías concretas, retener parte del pago hasta que pase el riesgo, o pedir que el vendedor cargue con un problema que viene de su etapa.
Sin due diligence, compras a ciegas y firmas confiando. Con due diligence, firmas sabiendo. Lo que no está bien atado sale caro, y en una compraventa de empresas sale carísimo.
Si tuviera que señalar la parte del contrato que más protege a un comprador, serían estas.
Las manifestaciones y garantías, las que en la jerga se llaman reps & warranties, son las declaraciones que hace el vendedor sobre el estado real de la empresa. El vendedor afirma, por escrito y con consecuencias, cosas como que las cuentas reflejan la situación real, que no hay litigios ocultos, que los impuestos están pagados, que los contratos importantes siguen vigentes, que no hay deudas que no figuren.
¿Por qué importan tanto? Porque no hay due diligence perfecta. Por muy bien que se revise una empresa, siempre puede quedar algo que no aparezca. Las manifestaciones y garantías cubren ese hueco: si más tarde resulta que algo de lo que el vendedor declaró era falso, entra en juego su régimen de responsabilidad y el vendedor responde.
En cristiano: el vendedor te jura que la empresa está como dice, y si no lo está, paga. Por eso se negocian con tanto detalle: cuánto cubren, durante cuánto tiempo, con qué límites, qué se excluye, cuánto del precio se retiene como garantía. Una buena cláusula puede ser la diferencia entre recuperar lo que pierdes por una sorpresa o cargar tú con ella. Es, muchas veces, donde se gana o se pierde la operación.
Aquí hay algo que sorprende a quien compra o vende su primera empresa: el número que se acuerda al principio rara vez es el que se paga al final.
Una empresa no es una cosa quieta. Entre que se acuerda un precio y se cierra la operación, el negocio sigue vivo: cobra, paga, factura, asume deudas. Por eso el contrato de compraventa suele incluir mecanismos de ajuste de precio, que corrigen la cifra inicial según cómo esté la empresa de verdad en el momento del cierre, no según cómo estaba el día del apretón de manos. Se ajusta por la tesorería, por la deuda, por el circulante, por lo que las partes hayan pactado mirar.
Y junto al ajuste están los mecanismos de responsabilidad: parte del precio que se retiene un tiempo por si aparece un problema de los que cubren las garantías, o cantidades que se pagan más adelante si se cumplen ciertas condiciones. Todo eso forma parte del precio real de la operación, aunque no sea la cifra grande que se anuncia.
En cristiano: el precio de una empresa no es un número, es un mecanismo. Y cómo se construya ese mecanismo en el contrato protege tu posición tanto o más que la cifra de partida. Por eso no nos quedamos solo en cuánto, sino en cómo y cuándo se paga, y qué pasa si algo no cuadra.
Hasta aquí hemos mirado mucho desde el lado del que compra. Pero la mitad de las operaciones se ven desde el otro lado: el de quien vende. Y vender bien también se prepara.
Lo que más le cuesta dinero a un vendedor no suele ser negociar flojo. Es llegar a la due diligence del comprador con la casa desordenada. Contratos sin firmar, actas de juntas que faltan, un tema fiscal sin cerrar, una marca que se usa pero nunca se registró, participaciones cuya titularidad no está clara del todo. Cada uno de esos cabos sueltos es una excusa para que el comprador baje el precio o exija más garantías.
Preparar la venta es ordenar todo eso antes de abrir la puerta. Es la due diligence que te haces a ti mismo para llegar a la negociación con la empresa presentable y sin sorpresas que jueguen en tu contra. Cuanto más limpia esté la empresa, menos margen tiene el comprador para regatear y más fuerte es tu posición.
Si estás pensando en vender tu empresa en Madrid, o en traspasarla porque te jubilas o porque cambias de proyecto, cuanto antes empieces a ordenar, mejor sales. Lo vemos contigo, cabo por cabo.
Hasta ahora hemos hablado sobre todo de comprar y vender. Pero hay otra familia de operaciones: las que cambian la propia estructura de las sociedades.
Una fusión es la unión de dos o más sociedades en una sola. Una escisión es lo contrario: una sociedad se divide, total o parcialmente, en varias. Junto a ellas están otras modificaciones estructurales, como la transformación (cambiar de tipo de sociedad) o la cesión global de activo y pasivo.
Estas operaciones están reguladas hoy por el Real Decreto-ley 5/2023, que sustituyó a la anterior Ley 3/2009 de Modificaciones Estructurales. Y no son un simple trámite: tienen su procedimiento, con garantías pensadas para proteger a los socios y a los acreedores de las sociedades implicadas. En cristiano: fusionar o escindir empresas no es solo una decisión de negocio, es un proceso jurídico con reglas que hay que cumplir paso a paso, y un error en el camino puede frenar toda la operación o dejarla expuesta a impugnación.
Estas operaciones suelen cerrar precisamente con la inscripción en el Registro Mercantil de Madrid, así que conviene plantearlas bien desde el inicio. No es lo mismo decidir que dos empresas se unen que ejecutar esa unión sin que nada chirríe por el camino.
Una compraventa de empresa rara vez viene sola. Por el camino tocan otras piezas del derecho mercantil y societario, y conviene tenerlas a la vista para que la operación encaje:
No hace falta que tú lo ates todo. Para eso estamos: para que la operación principal y todo lo que cuelga de ella vayan en la misma dirección, sin cabos sueltos.
Una operación de M&A no es un documento que se firma. Es un proceso que se acompaña de principio a fin, y en cada fase hay decisiones que protegen, o que dejan expuesta, tu posición. Ahí no basta con rellenar un contrato de plantilla.
En Batanero Abogados nos dedicamos solo a Derecho Mercantil y Derecho Societario. No somos un despacho que hace de todo un poco. Esa especialización es la que permite ver dónde están los riesgos de una compraventa antes de que se conviertan en un problema, porque ya los hemos visto antes en otras operaciones.
Conocer una operación por dentro, el negocio, los números y la negociación, no solo las cláusulas, es lo que permite sentarse a la mesa sabiendo qué se juega cada parte. Y hablas directamente con la abogada que lleva tu operación, no con un comercial, ni con un becario, ni con un equipo rotatorio del que nunca sabes quién lleva tu caso.
Sumamos cercanía real. El despacho está en la Comunidad de Madrid (Pozuelo de Alarcón) y trabajamos a diario con las notarías y con el Registro Mercantil de Madrid donde se cierran y se inscriben estas operaciones. Cuando compras o vendes una empresa en Madrid, ese trato cercano y constante con los organismos de aquí ayuda, y mucho, sobre todo en el último metro, cuando todo va con prisa. Esta página es una pieza de nuestro trabajo de abogado mercantil en Madrid, donde acompañamos a las empresas en todo lo demás.
Tanto si compras, como si vendes o fusionas, lo importante es mirar antes de firmar. Cuéntanos qué tienes sobre la mesa y te diremos, sin paños calientes, qué hay que revisar de verdad y cómo dejar tu posición protegida.
En la compra de participaciones o acciones (share deal) compras la sociedad entera, con su pasado y sus contingencias: los mismos contratos, los mismos empleados, las mismas deudas. En la compra de activos o de una unidad productiva (asset deal) compras cosas concretas y eliges, en principio, qué activos y qué pasivos asumes. El share deal da continuidad pero hereda el pasado; el asset deal da control pero es más laborioso de articular. Cuál conviene depende de la empresa, de sus riesgos y de la fiscalidad de cada parte. Es justo de lo que conviene hablar antes de decidir.
Es la revisión a fondo de la empresa antes de comprarla: legal, financiera, fiscal y laboral. Sirve para dos cosas. Primero, saber qué se compra de verdad: deudas, contratos, litigios, situación laboral y fiscal, y no lo que cuenta el folleto. Segundo, negociar con esa información en la mano: ajustar el precio, exigir garantías o retener parte del pago hasta que pase el riesgo. Sin due diligence se compra a ciegas. Es la fase que no conviene saltarse nunca.
Son las declaraciones del vendedor sobre el estado real de la empresa: que las cuentas son ciertas, que no hay litigios ocultos, que los impuestos están pagados, que no hay deudas ocultas. Y, sobre todo, llevan asociado un régimen de responsabilidad si resultan falsas. En cristiano: el vendedor afirma por escrito cómo está la empresa, y si no está así, responde. Son la red de seguridad del comprador frente a lo que la due diligence no llegó a ver, y por eso se negocian con tanto detalle.
La compraventa de participaciones de una sociedad limitada se formaliza en escritura pública ante notario, y las consecuencias que afectan a la sociedad (cambio de administrador, de capital, una fusión o escisión) se inscriben en el Registro Mercantil de Madrid para que tengan efecto frente a terceros. Que el cierre y la inscripción se gestionen aquí, con los organismos de Madrid, hace la operación más ágil y controlable, sobre todo en el tramo final, cuando todo va con prisa.
Ordenando la casa antes de abrir la puerta. Lo que más le cuesta dinero a un vendedor es llegar a la due diligence del comprador con cabos sueltos: contratos sin firmar, actas que faltan, un tema fiscal abierto, una marca sin registrar. Cada cabo suelto es una excusa para bajarte el precio. Conviene hacerte tú la revisión antes para llegar a la negociación con la empresa presentable y sin sorpresas. Cuanto más limpia esté, más fuerte es tu posición.
En una compraventa una parte compra y la otra vende: cambia el dueño de la empresa o de los activos. En una fusión dos o más sociedades se unen en una sola, y es una modificación estructural regulada por el Real Decreto-ley 5/2023, con un procedimiento propio y garantías para socios y acreedores. Dicho fácil: comprar es cambiar de manos; fusionar es combinar las propias sociedades, con reglas más estrictas que suelen cerrar con la inscripción en el Registro Mercantil de Madrid.
Depende casi por entero de cómo se redactó el contrato. Si las manifestaciones y garantías estaban bien hechas y esa deuda viene de la etapa del vendedor, entra en juego su régimen de responsabilidad y el vendedor responde; tú reclamas con un papel sólido detrás. Si el contrato era flojo o genérico, el problema se queda contigo. Por eso insistimos tanto, antes de firmar, en la due diligence y en unas buenas garantías: el día que aparezca la sorpresa, ese contrato es lo único que te separa de pagar tú lo que no era tuyo.

Soy Mercedes Batanero y dirijo Batanero Abogados. Me dedico al Derecho Mercantil y a las operaciones societarias, y acompaño a emprendedores, startups, PYMES y empresa familiar: no a grandes corporaciones, sino a quien compra, vende o fusiona una empresa y quiere hacerlo con criterio y con la posición protegida.
Me siento contigo a entender la operación por dentro: el negocio, los números y la negociación, no solo el contrato. Conozco tu operación, negocio contigo y reviso cada cláusula que firmas. Hablas directamente con la abogada que lleva tu caso, no con un intermediario. No soy la abogada que te dice a todo que sí para facturar más, te diré justo lo que necesitas escuchar, aunque a veces incomode.
Mi forma de trabajar es sencilla: explicarte las cosas en cristiano, mirar a fondo antes de firmar y dejar la operación bien atada para que, si algo aparece después, estés protegido. Trato una operación de M&A como lo que es, una inversión, no un gasto. Despacho en Madrid (Pozuelo de Alarcón), tratando a diario con las notarías y el Registro Mercantil de Madrid donde se cierran estas operaciones.
Colegiada ICAM 138229.
Cuéntanos qué operación tienes entre manos. Le damos una vuelta juntos, te decimos qué hay que revisar de verdad y dejamos tu posición protegida antes de firmar.
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