La temporada se juega en verano, pero se firma en invierno.
Redacción, revisión y negociación de contratos entre empresas para hoteles, apartamentos turísticos, restauración y proveedores de la Costa Blanca, y para cualquier pyme de la provincia que firma con alguien más grande.
Benidorm recibió en 2024 cerca de 900.000 turistas británicos alojados en hotel, casi cinco millones de pernoctaciones, según la patronal hotelera HOSBEC. Es el 70 % de todos los británicos que llegan a la Comunitat Valenciana. Y casi el 40 % de esos viajeros vino de la mano de un solo turoperador, que movió ese año 660.000 asientos en el aeropuerto de Alicante.
Esos datos dicen mucho de cómo se contrata en la costa. Un hotel familiar puede depender, para buena parte de su ocupación, de un contrato firmado con una empresa británica mucho más grande, redactado en inglés y sometido a otra ley. Y detrás de ese hotel hay una cadena de contratos con empresas alicantinas: lavandería industrial, mantenimiento, alimentación, animación, transporte. Si el contrato de arriba falla, el problema baja por toda la cadena.
En el sector se habla de contratos de contingente o de cupo. El hotel reserva un número de habitaciones para el turoperador durante una temporada, por un importe pactado por noche y con unas condiciones de servicio. El turoperador las vende y, si no las vende, puede liberarlas hasta una fecha pactada sin coste. A partir de ahí, según lo acordado, paga o no paga por ellas.
Ese esquema tiene tres puntos en los que se juega el resultado del año. El primero es la fecha de liberación: cuanto más cerca de la llegada, más riesgo para el hotel. El segundo, la garantía de ocupación, es decir, si el turoperador se compromete a pagar un porcentaje de plazas aunque no las llene. Y el tercero, qué pasa si algo extraordinario vacía el destino, como ocurrió en 2020. Muchas cláusulas de fuerza mayor redactadas pensando en una huelga o un temporal se quedaron cortas frente a una pandemia.
No redactamos el modelo del turoperador, pero sí te ayudamos a leerlo, a negociar lo que se puede negociar y a saber exactamente qué riesgo asumes antes de firmar la temporada.
Cada contrato tiene su lógica. Estos son los que más pasan por nuestra mesa desde Alicante.
El propietario del inmueble cede la explotación a una cadena o a un operador. Hay que decidir quién decide, quién responde y cómo se sale si el resultado no llega.
Se cede un restaurante o un local en funcionamiento, con su licencia y su equipamiento. Es distinto de alquilar un local vacío, y el contrato debe reflejarlo.
Alimentación, bebidas, lencería, productos de limpieza. Volúmenes, plazos de entrega, revisión de condiciones y qué pasa si el suministro falla en agosto.
Mantenimiento, limpieza, animación, seguridad, transporte de clientes. Niveles de servicio medibles y penalizaciones claras.
Para quien abre un establecimiento con una enseña conocida o quiere convertir su concepto en red. El franquiciado necesita saber qué compra y por cuánto tiempo.
Pedidos, condiciones generales de venta, reserva de dominio y plazos para denunciar defectos.
Muchas empresas alicantinas firman cada día contratos que nadie les deja negociar. Las condiciones de una plataforma de reservas, las de una gran cadena de distribución o las de un proveedor de software. Son condiciones generales, y en la contratación entre empresas la protección es menor de lo que mucha gente cree: la Ley de Condiciones Generales de la Contratación exige que se hayan aceptado y que sean claras y comprensibles, pero el control de cláusulas abusivas está pensado para consumidores.
Para las plataformas en línea existe además un reglamento europeo que obliga a avisar con antelación a las empresas usuarias de los cambios en sus términos y a explicar las razones de una suspensión o una retirada. No elimina el desequilibrio, pero da herramientas cuando un hotel o un restaurante desaparece de una plataforma de un día para otro.
Y cuando eres tú quien impone las condiciones, porque vendes a muchos clientes, redactarlas bien y conseguir que se acepten de forma demostrable es la mejor inversión jurídica que puede hacer una pyme. En el caso de agentes y distribuidores, lo tratamos aparte en distribución y agencia en Alicante.
Fuera del turismo, la provincia tiene una industria que compra y vende producto a diario, del calzado a la alimentación. En esas compraventas entre empresas se aplica el Código de Comercio, que es mucho más estricto que el Código Civil con quien recibe la mercancía. Si el comprador la examina al recibirla y la acepta, ya no puede reclamar por defectos de cantidad o calidad. Si llega embalada, tiene cuatro días desde que la recibe para reclamar por esos defectos. Y para los vicios internos, los que no se ven a simple vista, el plazo es de treinta días desde la entrega.
Son plazos que se pueden ordenar por contrato, y eso es justo lo que hacen unas buenas condiciones generales de compra o de venta: fijar cómo se inspecciona, en qué plazo se comunica una incidencia y qué remedio tiene cada parte. Si vendes, añade una reserva de dominio para que la mercancía siga siendo tuya hasta que la cobres. Y si vendes fuera, decide qué regla internacional de entrega se aplica, porque de ella depende en qué momento pasa el riesgo al comprador.
Cuando el contrato incluye información sensible sobre tu negocio, conviene además un acuerdo de confidencialidad previo o una cláusula de reserva bien construida.
Antes de leer una cláusula, queremos saber qué compras o vendes, cuánto dependes de la otra parte y qué te preocupa.
Te devolvemos el contrato comentado, con los riesgos ordenados por importancia y una propuesta de redacción alternativa.
Si lo necesitas, hablamos con la otra parte o con su abogado, en español o en inglés.
En general no. Un acuerdo verbal o por correo electrónico obliga igual. El problema llega cuando hay que probar lo pactado, y ahí un documento firmado lo cambia todo.
Sí. Trabajamos habitualmente con contratos en inglés, y en la costa es lo normal con turoperadores, cadenas internacionales e inversores extranjeros.
Menos que a un consumidor. Entre empresas se controla sobre todo que las condiciones se hayan aceptado y sean claras. Por eso lo importante es revisar antes de firmar.
Que una de las partes, o las dos, actúa como empresa y el contrato forma parte de su actividad. En la práctica cambian reglas importantes, como los plazos para reclamar defectos en una compraventa o el interés de demora cuando una empresa paga tarde a otra.
Casi nunca. No tenemos oficina en Alicante: trabajamos con documentos compartidos y videollamada, y si una negociación lo pide, nos desplazamos.

Me dedico solo al Derecho Mercantil y gran parte de mi trabajo es leer, negociar y redactar contratos entre empresas. Con clientes de Alicante trabajo en remoto desde Madrid y voy cuando la mesa de negociación lo pide.
Un contrato me parece bueno cuando las dos partes saben qué pasará el día que algo falle.
Colegiada ICAM 138229.
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