Hoy prometer un trozo de la empresa de palabra no cuesta esfuerzo. La cuenta llega el día que esa persona se marcha y reclama lo que cree que le tocaba.
Tienes a alguien que aguanta el negocio sobre sus hombros: quien programa, quien trae los clientes, quien si se va te deja temblando. Y sabes que en Valencia, tarde o temprano, otro con más dinero va a intentar llevárselo. Quieres que se quede, que note que esto también es suyo, que gane cuando la empresa gane.
La duda es cómo lo haces sin liarla. Porque un "te doy parte de la compañía" soltado en una comida se transforma, unos meses después, en un socio que jamás quisiste en tu junta, en un reparto que ya no encaja o en un sobresalto fiscal que asoma justo cuando andas más apretado. Lo que nació como recompensa termina siendo la grieta que te parte el equipo.
Acompañamos a emprendedores, startups, PYMES y empresa familiar a montar planes de incentivos que de verdad cumplen: stock options o phantom shares con reglas nítidas, ancladas donde corresponde y con la fiscalidad encima de la mesa desde el minuto uno. Así premias a tu gente en Valencia sin soltar las riendas de lo que has construido.
Repartir una parte del futuro de la empresa entre tu gente clave es lo que hacen las compañías que pelean por talento sin poder ganar siempre con la nómina. No consiste en pagar más cada mes: consiste en alinear. Cuando una persona percibe que el valor que levanta también le pertenece, se queda, se compromete y empuja hacia donde tú empujas. Eso es un plan de incentivos hecho con cabeza.
Pero "repartir empresa" no es una única cosa, y justo ahí se enreda casi todo el mundo. Una cosa es recompensar a alguien como si fuera socio. Otra bien distinta es convertirlo en socio de verdad, con voto, con acceso a las cuentas y con asiento en tu mesa. Esa es la primera decisión, y equivocarse cuesta caro.
Y existe una segunda trampa, la del que tira por la calle de en medio: prometer participaciones sin papel, sin condiciones y sin vesting. Va bien mientras todos reman juntos. Salta por los aires el día que alguien se larga, porque no hay nada firmado que diga qué se lleva y qué no. Lo que viene después es siempre lo mismo: bronca, reproches y, demasiadas veces, abogados discutiendo por algo que se habría cerrado en una tarde al arrancar.
Esta es la decisión de raíz, y de ella cuelga todo lo demás. Te la contamos en cristiano, sin palabros.
Las stock options son un derecho a comprar participaciones de tu empresa más adelante, a un precio cerrado ahora (el precio de ejercicio, o strike price) y únicamente si se cumplen ciertas condiciones de permanencia y desempeño. La persona no es socia hoy; lo será el día que ejercite ese derecho, si llega a ejercitarlo. Estás dejando abierta la posibilidad de que, llegado el momento, entre realmente en tu capital, con todo lo que eso trae detrás.
Las phantom shares, o participaciones fantasma, parten de otra lógica. La persona cobra una suma en metálico vinculada a cuánto sube de valor la empresa, igual que si tuviera un porcentaje, pero sin recibir participaciones de verdad. Jamás llega a ser socia: ni vota, ni entra en el capital, ni se sienta en tu junta. Cobra como si fuera dueña de una parte, mientras el control y el cap table se quedan enteritos para ti.
La diferencia, resumida: con stock options puedes terminar con un socio nuevo; con phantom shares premias igual, pero el capital ni se roza.
¿Cuál te toca a ti? Depende de una pregunta muy concreta: ¿quieres que esa persona acabe siendo socia de tu empresa, o solo que cobre como si lo fuera? Si tu idea es ir armando un grupo de socios que crezca a tu lado, las stock options tienen lógica. Si lo que buscas es retener e incentivar sin meter a nadie en el capital, las phantom shares suelen ser la respuesta, y encima dan menos trabajo. No hay una mejor en el vacío; hay una mejor para tu situación.
Aquí está la clave de que un plan funcione de verdad y no se te gire en contra. Se llama vesting, y es lo que separa un incentivo pensado de un regalo que luego lamentas. El vesting es el mecanismo por el que el incentivo se consolida a plazos, con el paso del tiempo y el cumplimiento, no entero desde el primer día. La idea es de cajón: quieres recompensar a quien se queda y construye contigo, no a quien cobra y desaparece a los seis meses. Sin vesting, le entregas a alguien una parte de tu empresa y, si se marcha pronto, se la lleva igual. Con vesting, esa parte se gana a medida que la persona cumple su permanencia. Lo normal es combinarlo con un cliff, un tramo inicial mínimo antes de que se consolide nada. Si la persona se va antes de superarlo, no se lleva absolutamente nada. Es la manera de blindarte frente al fichaje que no termina de cuajar: lo probáis, no encaja, y el plan no deja ningún cabo suelto. Estos son los puntos que un buen plan deja amarrados, y que una promesa de palabra nunca cubre:
En cuánto tiempo se gana el incentivo completo y en qué tramos se va consolidando, por ejemplo mes a mes o por años. No es igual repartirlo a lo largo de varios ejercicios que entregarlo de una vez.
Cuánto tiene que aguantar la persona antes de empezar a generar derecho a algo.
No todo el mundo se marcha igual. No es lo mismo quien completa su ciclo o se va por motivos razonables (good leaver) que quien rompe el compromiso o se pasa a la competencia (bad leaver). Cada caso puede tratarse de forma distinta, y conviene dejarlo escrito antes, no debatirlo después.
En las stock options, a qué precio y bajo qué condiciones puede ejercitarse la opción, para que no salten sorpresas el día que llegue.
Un plan sin estas reglas no es un plan, es una expectativa. Y las expectativas, cuando hay valor en juego, acaban en conflicto.
Vamos a ser claros, que preferimos decir las cosas como son. No tenemos oficina física en Valencia. Y para diseñar tu plan de incentivos, eso no te quita absolutamente nada.
Llevamos asuntos de empresas de Valencia y de toda España. Diseñar un plan de stock options o phantom shares es trabajo de despacho y de conversación, no de cercanía: se hace hablando contigo, entendiendo a tu equipo y tus números, y redactando con mimo. Eso se gestiona perfectamente online y, cuando el asunto lo requiere, también de manera presencial. Lo que mueve la aguja aquí no es la distancia a un despacho, es quién piensa tus condiciones de vesting, quién decide entre stock options y phantom shares y quién redacta tu pacto de socios.
Y hay un contexto que sí ata este servicio a la ciudad. Valencia se ha convertido en uno de los focos de emprendimiento del país, con un ecosistema vivo alrededor de iniciativas como Marina de Empresas y Lanzadera o la propia Startup Valencia, donde se concentran proyectos tecnológicos que pelean por la misma gente buena. En un mercado así, retener al talento clave sin poder ganar siempre a golpe de sueldo obliga a tener planes de incentivos bien armados. Diseñar para una empresa valenciana un plan que aguante de verdad es justo lo que hacemos. Sin vender una cercanía que no toca, con el trabajo que sí cuenta.
Nos cuentas a quién quieres incentivar y con qué objetivo. Te decimos si encaja mejor stock options o phantom shares y por qué. Sin tecnicismos.
Definimos condiciones, vesting y permanencia, y lo reflejamos en los estatutos y en el pacto de socios para que el plan sea sólido.
Dejamos el plan listo para firmar y te explicamos cómo gestionarlo y qué pasa en una salida o venta de la empresa.
Un plan de incentivos no flota en el vacío. Tiene que dejar rastro donde la empresa guarda sus normas, o no te protege de nada. Esta es la parte que las soluciones de plantilla se saltan, y la que evita el disgusto años más tarde.
Cuando hablamos de stock options, estás dejando entrar potencialmente nuevos socios, y eso enlaza de lleno con la mecánica societaria. La incorporación de la persona suele articularse mediante una ampliación de capital en la que se crean las participaciones que va a suscribir, lo que obliga a vigilar el derecho de preferencia de los socios actuales y a verificar que tus estatutos y tu pacto de socios cuadran con todo ello: el régimen de transmisión de participaciones, cómo y cuándo se ejecuta esa entrada, qué derechos tendrá el nuevo socio y cuáles no. Si tus estatutos limitan la entrada de socios (y la mayoría de las Sociedades Limitadas lo hacen por defecto, precisamente para controlar quién entra), el plan tiene que ser coherente con ellos. Si no, llega el día de ejercitar la opción y te topas con un choque entre lo que prometiste y lo que tus propias normas autorizan.
Con las phantom shares no entra nadie en el capital, así que ni tocas la estructura societaria ni el cap table. Pero sigue haciendo falta un contrato serio: el acuerdo que fija cómo se calcula esa retribución, sobre qué valor, cuándo se cobra y qué ocurre en cada escenario. Que no haya participaciones de por medio no quiere decir que sirva un apretón de manos.
Hay además un caso que conviene mirar con lupa: cuando el incentivo va a parar a un administrador de la sociedad. Retribuirlo con opciones o acciones no se puede improvisar; en las sociedades anónimas, el artículo 219 de la Ley de Sociedades de Capital exige un acuerdo de la junta general que lo apruebe con sus condiciones. Saltarte ese paso es dejar el incentivo cojo desde el origen.
En todos los casos, el pacto de socios es la pieza que ordena cómo convive el plan con los socios de hoy: cómo afecta al reparto, qué se decide entre todos y qué puede decidir el fundador. Lo desarrollamos contigo según cómo esté montada tu empresa.
Este es el punto que más sustos provoca cuando se mira de reojo, y donde más se agradece tener la parte fiscal encima de la mesa desde el principio. Porque un plan mal planteado en lo fiscal puede convertir una recompensa para tu empleado en un quebradero de cabeza para los dos.
El fondo es simple: tanto las stock options como las phantom shares tienen consecuencias fiscales, para la empresa y para quien recibe el incentivo. No es dinero que caiga limpio de todo. Cómo y cuándo tributa depende de cómo se diseñe el plan, y por eso el diseño fiscal no se aparca para el final: condiciona la estructura desde el arranque.
La novedad que importa, y muy presente en el ecosistema startup valenciano, es que la Ley 28/2022, conocida como Ley de Startups, mejoró de manera notable el tratamiento fiscal de las stock options en las empresas consideradas emergentes. A grandes rasgos, trajo una exención más alta para la entrega de participaciones a empleados y, sobre todo, una regla de diferimiento: la tributación deja de producirse toda de golpe en el momento de la entrega y se desplaza al momento en que hay liquidez de verdad, por ejemplo cuando esas participaciones se venden o la empresa cotiza. Es un avance pensado para que las empresas emergentes puedan disputar el talento sin que la factura fiscal lo vuelva inviable.
Conviene verlo con los pies en el suelo, porque no es un cheque en blanco: ese trato favorable se aplica si la empresa reúne los requisitos para ser considerada emergente y si el plan está bien diseñado. Las phantom shares se rigen por sus propias reglas fiscales, distintas a las de las stock options. Aquí no vamos a soltar porcentajes de catálogo ni datos que dependen de tu caso. Lo que hacemos es plantear el plan contando con la fiscalidad desde el diseño, para que aproveches lo que la ley te permite y no te lleves un disgusto por haber improvisado.
Aquí salta la pregunta incómoda que casi nadie hace a tiempo: ¿qué ocurre con todo esto el día que el proyecto se convierte en dinero? Porque un incentivo atado al valor de la empresa solo tiene sentido si está claro cómo se mide ese valor y qué pasa en una operación.
La valoración no es un tecnicismo que se aparca para después. Es el centro del plan. En las stock options, marca a qué precio podrá comprar la persona y, por tanto, cuánto gana realmente cuando ejercita. En las phantom shares, marca lo que percibe, porque su retribución es un porcentaje de ese valor. Si el modo de valorar no está pactado de antemano, tienes el conflicto montado el día que toque poner una cifra sobre la mesa.
Y hay dos momentos donde todo esto se examina de verdad. El primero, la entrada de un inversor: una ronda mueve el reparto, diluye a los socios y exige que el plan esté bien encajado para que no choque con lo que el inversor pide. El segundo, la salida: la venta de la empresa, el día en que el proyecto se vuelve liquidez. Es el escenario que más ilusión hace y el que peor se prepara. Un plan bien hecho contempla, para los dos casos:
Dejar la entrada de un inversor o la venta sin regular es como levantar una casa sin pensar la puerta. Todo va de maravilla hasta que hay que salir, y entonces descubres que nadie pactó por dónde.
Un plan de incentivos bajado de internet o calcado del de otra empresa es exactamente lo que no te conviene. Vale lo que valen sus condiciones, y esas condiciones tienen que estar pensadas para tu empresa, tu equipo y lo que tú persigues. Una plantilla no sabe si quieres dar entrada a un socio o solo premiar, no conoce tus estatutos y no se adelanta a lo que pasará en tu próxima ronda.
En Batanero Abogados nos dedicamos solo a Derecho Mercantil y Societario. No somos un despacho que hace de todo un poco. Esa especialización es la que permite ver venir de antemano los problemas que un plan mal diseñado provoca años después: el socio que no querías, el reparto torcido, el susto fiscal, el choque con el inversor, el conflicto en la venta. Los hemos visto, y por eso los anticipamos.
Diseñamos el plan contigo de principio a fin: elegimos la vía (stock options o phantom shares) según lo que de verdad buscas, fijamos las condiciones (vesting, cliff, precio de ejercicio, supuestos good leaver y bad leaver, qué pasa en una salida), lo reflejamos donde tiene que quedar reflejado y ponemos la fiscalidad sobre la mesa. Y hablas directamente con la abogada que lleva tu caso, no con un comercial ni con una centralita.
Esta página es una pieza de nuestro trabajo como abogado mercantil en Valencia, donde acompañamos a las empresas en todo lo que viene después de nacer.
Si quieres premiar a tu gente clave y no sabes por dónde tirar, lo primero es verlo juntos. Cuéntanos a quién quieres atar al proyecto y qué persigues, y te diremos, sin rodeos, qué vía te conviene y cómo dejarla bien diseñada desde el principio.
Es la decisión de raíz. Con las stock options, la persona recibe un derecho a comprar participaciones reales de tu empresa más adelante, a un precio cerrado hoy (el precio de ejercicio); si ejercita ese derecho, pasa a ser socia de verdad, con voto y entrada en el capital. Con las phantom shares cobra una suma en metálico vinculada a cuánto sube de valor la empresa, pero nunca llega a ser socia ni entra en el capital. En una frase: las stock options pueden darte un socio nuevo; las phantom shares premian igual sin tocar el control ni el cap table, y dan menos trabajo de gestión.
No tiene por qué, si el plan está bien dimensionado y bien redactado. Las stock options sí abren la puerta a que la persona termine entrando en tu capital, normalmente vía ampliación de capital, así que hay que cuidar el tamaño del plan, las condiciones de ejercicio y el encaje con tus estatutos y tu pacto de socios. Si lo que quieres es incentivar sin dar entrada a nadie, las phantom shares te dejan premiar igual manteniendo el control intacto.
El vesting es el sistema por el que el incentivo se consolida a plazos, con el tiempo y el cumplimiento, no entero el primer día. Lo necesitas para no premiar igual a quien cobra y se va a los seis meses que a quien se queda años a construir contigo. Suele ir con un cliff, un tramo inicial mínimo durante el cual, si la persona se marcha, no se lleva nada. Un buen plan distingue además entre el good leaver (quien se va por motivos razonables) y el bad leaver (quien rompe el compromiso o se pasa a la competencia), porque no tiene sentido tratarlos igual.
La Ley 28/2022, conocida como Ley de Startups, mejoró el tratamiento fiscal de las stock options en empresas consideradas emergentes: una exención más alta en la entrega de participaciones a empleados y una regla de diferimiento, por la que en lugar de tributar todo de golpe en el momento de la entrega, la tributación se desplaza al momento en que hay liquidez de verdad, por ejemplo cuando se venden las participaciones o la empresa cotiza. Eso sí, se aplica si la empresa reúne los requisitos para ser emergente y si el plan está bien diseñado: conviene verlo caso por caso.
Sí, y es uno de sus usos más habituales. En el ecosistema startup valenciano muchas empresas quieren retener a su gente clave sin abrir el capital ni complicar el cap table de cara a una futura ronda. Las phantom shares encajan ahí: la persona cobra una suma en metálico ligada a la revalorización de la empresa, sin convertirse en socia y sin tocar la estructura societaria. Lo que sí hace falta es un contrato bien redactado que fije sobre qué valor se calcula, cuándo se cobra y qué ocurre en cada escenario.
Son los dos escenarios que más conviene prever, y los que más se olvidan. Cuando entra un inversor, la ronda diluye y mueve el reparto, y el plan tiene que estar encajado para no chocar con lo que el inversor exige. En una venta, un buen plan contempla qué ocurre con las opciones que la persona todavía no ha ejercitado, cómo participa en el valor que genera la operación, en qué orden cobra cada uno y qué pasa con la parte que aún está consolidando vía vesting. Dejar esto sin regular es la fuente de conflicto número uno cuando por fin llega el día bueno.

Soy Mercedes Batanero y dirijo Batanero Abogados. Me dedico al Derecho Mercantil y acompaño a emprendedores, startups, PYMES y empresa familiar: no a grandes corporaciones, sino a quien está levantando su proyecto y quiere atar a su equipo sin perder el control de lo que ha construido.
Con los planes de incentivos, lo primero que hago es preguntarte qué buscas de verdad: que esa persona acabe siendo socia o premiarla sin abrir tu capital. A partir de ahí diseño la vía que encaja, con sus condiciones bien atadas (vesting, cliff, good leaver y bad leaver, precio de ejercicio) y la fiscalidad sobre la mesa. Hablas directamente con la abogada que lleva tu caso, no con un intermediario, y te diré justo lo que necesitas oír, aunque a veces incomode.
Trabajo con empresas de Valencia y de toda España, online y, cuando el asunto lo requiere, presencial. Mi forma de trabajar es sencilla: explicarte las cosas en cristiano, dejar el plan bien diseñado antes de prometer nada y pensar en lo que puede salir mal antes de que salga. Colegiada ICAM 138229.
Cuéntanos a quién quieres atar al proyecto y qué buscas. Le damos una vuelta juntos, te decimos si te conviene stock options o phantom shares y dejamos el plan bien diseñado, con sus condiciones y su fiscalidad, desde el principio.
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