Comprar, vender o fusionar una empresa. Lo que no se mira antes de firmar, aparece después.
Comprar, vender o fusionar una empresa, lo que en términos jurídicos se llama una operación de fusiones y adquisiciones, es casi siempre la operación más grande en la vida de una empresa. Por dinero, por riesgo y por todo lo que viene detrás.
Y se gana o se pierde en dos sitios: en la mesa de negociación y en lo que se revisa antes de firmar. Ahí se decide el precio real, quién carga con qué y qué pasa si algo sale mal.
Porque lo que no se mira a tiempo no desaparece. Las deudas, los contratos mal cerrados, los litigios que nadie te enseñó: todo eso aparece después, cuando la empresa ya es tuya y el problema también. Como abogada de fusiones y adquisiciones, mi trabajo es que firmes sabiendo qué compras o vendes, y con tu posición protegida en el contrato.
Fusiones y adquisiciones (M&A, por sus siglas en inglés) es el nombre técnico de algo concreto: comprar, vender o combinar empresas. En cristiano: alguien quiere quedarse con un negocio que funciona, alguien quiere vender el suyo, o dos empresas deciden unirse en una sola. Suena simple; la letra pequeña es lo que cambia todo.
Cuando se compra una empresa hay dos grandes vías, y elegir una u otra lo cambia casi todo. En el share deal compras las participaciones o acciones: te llevas la sociedad entera, con su negocio pero también con todo su pasado (contratos, empleados, deudas y cualquier problema escondido). En el asset deal compras activos concretos o una unidad de negocio (una marca, una cartera, una fábrica) y eliges qué activos y qué pasivos asumes.
La diferencia no es un tecnicismo: en un share deal heredas el pasado de la sociedad; en un asset deal, en principio, eliges qué te llevas. Cuál conviene depende de qué se compra, de los riesgos que tenga detrás y de la fiscalidad de cada parte. Lo vemos en detalle más abajo.
¿Tu empresa está en Barcelona? Lo vemos en fusiones y adquisiciones en Barcelona.
Una operación de compraventa de empresa no es un solo acto: es un proceso ordenado, con varias fases, y cada una tiene su función. Saltarse una, o despacharla deprisa, es justo donde aparecen los problemas.
El primer documento serio. Fija el marco: qué se quiere comprar o vender, en qué condiciones generales y con qué calendario. Suele incluir confidencialidad y, muchas veces, exclusividad para que el vendedor no negocie con otros mientras dura el proceso.
La revisión a fondo de la empresa antes de comprar: legal, fiscal, laboral y financiera. El momento de mirar debajo de las alfombras y descubrir lo que de verdad se está comprando, incluido lo que el vendedor no contó o no sabía.
Recoge todo: precio, forma de pago, qué se compra exactamente, condiciones y garantías. Es donde el resultado de la due diligence se convierte en cláusulas concretas y en protección real.
Las declaraciones del vendedor sobre el estado real de la empresa, y qué pasa si resultan falsas. Es la pieza que más protege al comprador, y la que más se negocia.
La firma definitiva y el pago, una vez cumplidas las condiciones pactadas. Cuando se cierra, la operación es un hecho: la empresa, o lo comprado, cambia de manos.
Lo que pasa el día después: unir equipos, sistemas, contratos y cultura. Muchas operaciones bien firmadas se tuercen aquí, en la ejecución, no en el papel.
Si hay una fase que no se puede saltar, es esta.
La due diligence es la revisión a fondo de la empresa antes de comprarla. Se miran las cuatro patas: la legal (contratos, sociedades, litigios), la fiscal (impuestos pagados y los que puedan venir), la laboral (plantilla, contratos, posibles reclamaciones) y la financiera (si las cuentas dicen lo que parecen decir). En cristiano: abrir la empresa por dentro y ver qué hay de verdad, no lo que cuenta el folleto.
La primera razón para hacerla: saber qué se compra de verdad. Una empresa puede tener un litigio a punto de estallar, una deuda fiscal latente, contratos con clientes que se marchan el día que cambia el dueño, o una plantilla con reclamaciones esperando. Nada de eso aparece en la primera reunión: aparece cuando lo buscas.
La segunda: negociar con esa información en la mano. Lo que se encuentra sirve para bajar el precio, exigir garantías concretas, retener parte del pago hasta que pase el riesgo, o pedir que el vendedor se quede con un problema que viene de su etapa.
Sin due diligence, compras a ciegas y firmas confiando. Con due diligence, firmas sabiendo. Lo que no está bien atado sale caro, y en una compra de empresa sale carísimo.
Me cuentas qué tienes entre manos: si compras, vendes o fusionas, en qué punto está la operación y qué te preocupa. Salimos de ahí con una idea clara de por dónde va el asunto y cómo encararlo.
Vemos la estructura que conviene (share deal o asset deal), preparamos o coordinamos la due diligence y ponemos sobre la mesa los riesgos reales: qué hay, qué falta por mirar y qué impacto tiene en el precio y en las garantías.
Negociamos las condiciones, redactamos o revisamos el contrato de compraventa con sus manifestaciones y garantías, y te acompañamos hasta la firma. Tú decides; mi trabajo es que decidas con toda la información y con tu posición protegida.
En el share deal compras las participaciones o acciones de la sociedad: la empresa entera, con su personalidad jurídica intacta (los mismos contratos, licencias y empleados). La ventaja es la continuidad; el riesgo, que heredas todo el pasado, incluidas las contingencias que no se vieron. Por eso aquí las manifestaciones y garantías son tu red de seguridad.
En el asset deal compras activos concretos o una unidad de negocio, pero no la sociedad: eliges qué te llevas (esta marca sí, esta deuda no). La ventaja es el control; el inconveniente, que es más laborioso, porque hay que identificar y traspasar cada activo, y algunos contratos o licencias no se transmiten solos. No hay respuesta universal: depende de la empresa, de sus riesgos y de la fiscalidad de cada parte.
Si hay que señalar la parte del contrato que más protege a un comprador, son estas. Son las declaraciones del vendedor sobre el estado real de la empresa: que las cuentas reflejan la situación real, que no hay litigios ocultos, que los impuestos están pagados, que los contratos importantes siguen vigentes.
¿Por qué importan tanto? Porque no hay due diligence perfecta: siempre puede quedar algo que no aparezca. Si más tarde resulta que algo de lo que el vendedor declaró era falso, entra en juego su régimen de indemnización y el vendedor responde. En cristiano: el vendedor te jura que la empresa está como dice, y si no lo está, paga. Por eso se negocian con tanto detalle: cuánto cubren, durante cuánto tiempo y con qué límites.
Una fusión es la unión de dos o más sociedades en una sola. Una escisión es lo contrario: una sociedad se divide, total o parcialmente, en varias. Junto a ellas están otras modificaciones estructurales como la transformación (cambiar de tipo de sociedad) o la cesión global de activo y pasivo.
Están reguladas por el Real Decreto-ley 5/2023, que sustituyó a la anterior Ley 3/2009 de modificaciones estructurales. Y no son un trámite: hay que elaborar un proyecto, emitir informes, aprobar acuerdos en junta, dar publicidad a la operación y respetar garantías para socios y acreedores. Un error en el procedimiento puede frenar toda la operación o dejarla expuesta a impugnación. Si aparece la necesidad de mover capital o reordenar la estructura, lo vemos en paralelo en ampliaciones de capital y operaciones societarias.
No hay un único número. La valoración admite varios métodos (por beneficios, por flujos de caja futuros, por comparación con operaciones similares, por patrimonio) y casi nunca se usa uno solo: se combinan, y de ahí sale un rango razonable, no una cifra mágica.
Pero el número exacto importa menos de lo que parece. Lo que de verdad protege la operación no es clavar el precio al euro, es cómo se reparten los riesgos en el contrato. Una empresa puede valer mucho y ser una mala compra si asumes todos sus problemas, y valer menos sobre el papel y ser una compra estupenda si el contrato te protege bien. El precio importa; la letra del contrato, más.
Es el miedo de todo comprador: firmas, pagas, te llevas la empresa y a los meses aparece una deuda, un litigio o un problema que nadie te enseñó.
Que se pueda resolver, o no, depende casi por entero de cómo se redactó el contrato. Si las manifestaciones y garantías estaban bien hechas y el problema viene de la etapa anterior, entra en juego el régimen de indemnización: el vendedor responde y tú reclamas con un papel sólido detrás. Si el contrato era flojo o genérico, el problema se queda contigo. Por eso insistimos tanto, antes de firmar, en la due diligence y en las garantías.
Una operación de M&A no es un documento que se firma. Es un proceso que se acompaña de principio a fin, y en cada fase hay decisiones que protegen, o que dejan expuesta, tu posición.
La abogada se dedica solo a Derecho Mercantil y a operaciones societarias. Esa especialización es la que permite ver dónde están los riesgos de una compraventa antes de que se conviertan en un problema, porque ya los ha visto antes.
Suma, además, trayectoria en banca de inversión y en compraventa de empresas: ha estado en la parte donde se montan y se cierran estas operaciones, no solo en la teoría. Eso significa entender la operación por dentro: el negocio, los números y la negociación, no solo las cláusulas.
Y durante todo el proceso hablas directamente con la abogada que lleva tu operación. Una precisión útil: esta página es para operaciones de M&A; si lo tuyo es la compraventa pura de una empresa o una ronda de inversión más acotada, lo trabajamos en compraventa de empresas.
¿Compras o vendes una empresa en Madrid? Puedes ver también nuestra página de fusiones y adquisiciones en Madrid, con el cierre ante notaría e inscripción en el Registro Mercantil de Madrid.
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Soy Mercedes Batanero y dirijo Batanero Abogados. Me dedico al Derecho Mercantil y a las operaciones societarias, y acompaño a quien compra, vende o fusiona una empresa a hacerlo con criterio y con la posición protegida.
Sumo trayectoria en banca de inversión y en compraventa de empresas. He estado dentro de estas operaciones, donde se montan, se negocian y se cierran, y eso me deja entender una compraventa por dentro: el negocio, los números y la negociación, no solo el contrato.
Mi forma de trabajar es sencilla: explicarte las cosas en cristiano, mirar a fondo antes de firmar y dejar la operación bien atada para que, si algo aparece después, estés protegido. Hablas directamente conmigo, no con un intermediario, y te diré lo que necesitas oír aunque a veces incomode.
Colegiada ICAM 138229.
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