Un incentivo prometido sin reglas no fideliza a nadie: solo aplaza la discusión hasta que vale dinero de verdad.
Hay una persona en tu empresa que no quieres perder. La que conoce el producto por dentro, la que aguanta el pulso cuando algo se tuerce, la que si recibe una llamada de otra compañía te deja un agujero difícil de tapar. Sabes que el sueldo solo te lleva hasta cierto punto, y que para que se quede de verdad necesitas que sienta que el éxito de esto también es el suyo.
La trampa es cómo materializar eso sin liarla. Porque un gesto bienintencionado, un te voy a dar parte de la empresa lanzado en una conversación, se transforma con el tiempo en un malentendido caro: alguien que cree que es socio sin serlo, un reparto que ya no encaja, o un coste fiscal que asoma justo cuando menos te conviene. El premio que querías dar acaba siendo el motivo de la ruptura.
Acompañamos a emprendedores, startups, PYMES y empresa familiar a montar planes de incentivos que cumplen lo que prometen: stock options o phantom shares con condiciones cerradas, encajadas en la estructura de la sociedad y con la fiscalidad puesta sobre la mesa antes de firmar nada. Para que retengas a tu gente en Málaga sin regalar el control de lo que tanto te ha costado construir.
Compartir con tu equipo el recorrido futuro de la empresa es lo que distingue a las compañías que pelean por el talento de las que solo pueden ofrecer nómina. No se trata de gastar más cada mes, se trata de alinear intereses. Quien percibe que el valor que ayuda a crear le pertenece en parte se queda más tiempo, se compromete más y empuja en la misma dirección que tú. Eso, bien armado, es un plan de incentivos.
Lo que ocurre es que repartir futuro no es una única figura, y ahí empiezan los líos. Una cosa es recompensar a alguien como si fuera dueño de una parte. Otra muy distinta es hacerlo dueño de verdad, con derecho de voto, con acceso a las cuentas y con un asiento en tu junta. Esa es la primera bifurcación del camino, y equivocarse en ella tiene consecuencias que arrastras durante años.
Existe además un segundo error, el del que va con prisa: comprometer participaciones sin papel, sin condiciones y sin un calendario de consolidación. Aguanta mientras nadie discute. Salta por los aires el día que una de las partes se marcha, porque no hay un documento que aclare qué se lleva y qué se queda. Lo que viene después se repite siempre: tensión, reproches y, con frecuencia, un conflicto que se habría evitado dedicándole una tarde al principio.
Esta es la elección de fondo, y de ella cuelga el resto del plan. Te la explicamos sin jerga, como se la contaríamos a un amigo.
Las stock options son, en esencia, una opción de compra: el derecho a adquirir en el futuro participaciones o acciones reales de tu empresa, a un precio que se fija hoy (el precio de ejercicio, o strike price) y siempre que se cumplan ciertas condiciones de permanencia y objetivos. Mientras tanto, la persona no es socia. Lo será el día que ejercite ese derecho, si llega ese día. Estás dejando preparada la puerta para que, cuando toque, pase a formar parte de tu capital con todo lo que ello conlleva.
Las phantom shares, o participaciones fantasma, parten de otra lógica. La persona recibe un derecho económico que replica el valor de la empresa: cobra una cantidad en dinero calculada como si tuviera un porcentaje, pero sin recibir participaciones reales ni adquirir la condición de socio. No vota, no entra en el capital, no se sienta en tus juntas. Percibe como si fuera propietaria de una porción, mientras el control y el cap table permanecen exactamente donde están.
Resumido en una línea: con stock options puedes terminar incorporando un socio nuevo; con phantom shares recompensas igual, pero sin tocar quién manda en la empresa.
¿Cuál te toca? Todo se reduce a una pregunta nítida: ¿pretendes que esa persona llegue a ser socia de tu empresa, o solo que cobre como si lo fuera? Si tu idea es ir formando un grupo de socios que crezca contigo, las stock options encajan. Si lo que buscas es fidelizar e incentivar sin dejar entrar a nadie en el capital, las phantom shares suelen ser la vía, y de paso son más sencillas de gestionar. No hay una opción mejor en el vacío; hay una mejor para tu situación concreta.
Aquí reside la diferencia entre un plan que funciona y uno que se te vuelve en contra. El concepto se llama vesting, y es lo que separa un incentivo bien calculado de un regalo del que después te arrepientes. El vesting es el mecanismo por el que el incentivo se va ganando con el tiempo y el cumplimiento, en lugar de entregarse completo desde el minuto uno. La razón es de pura lógica: quieres recompensar a quien permanece y construye contigo, no a quien recibe su parte y se va al medio año. Sin vesting, entregas un trozo de tu empresa y, si esa persona se marcha pronto, se lo lleva igualmente. Con vesting, esa parte se consolida a medida que la persona cumple su permanencia. Lo habitual es combinarlo con un cliff, un periodo inicial mínimo durante el cual no se consolida absolutamente nada. Si la persona se va antes de superarlo, sale sin nada. Es tu blindaje frente a la incorporación que no termina de cuajar: la probáis, no funciona, y el plan no deja ningún cabo suelto. Estos son los puntos que un plan serio deja cerrados, y que una promesa de palabra jamás contempla:
En cuánto tiempo se gana el incentivo entero y en qué tramos se va devengando, por ejemplo por meses o por anualidades. No es lo mismo escalonarlo a lo largo de varios años que entregarlo de una vez.
Cuánto debe permanecer la persona antes de empezar a generar derecho a algo.
No todas las salidas son iguales. No se trata igual a quien completa su ciclo o se marcha por motivos razonables (good leaver) que a quien rompe el compromiso o se pasa a la competencia (bad leaver). Conviene escribir cada caso antes, no debatirlo después.
En las stock options, a qué precio y bajo qué requisitos puede ejercitarse la opción, para que el día señalado no haya sorpresas.
Un plan sin estas reglas no es un plan, es una expectativa flotando en el aire. Y las expectativas, cuando hay valor de por medio, acaban en disputa.
Un plan de incentivos no puede vivir suelto. Tiene que dejar su huella donde la empresa guarda sus reglas, o no te protegerá. Esta es justo la parte que las plantillas de internet ignoran, y la que evita el disgusto que llega años más tarde.
Cuando hablamos de stock options, estás preparando la entrada de un futuro socio, y eso conecta de lleno con la mecánica societaria. Esa incorporación suele articularse de dos formas. Una, mediante una ampliación de capital en la que se crean las participaciones o acciones que la persona suscribirá al ejercitar; esto obliga a mirar el derecho de preferencia de los socios actuales y, llegado el caso, a regular su exclusión para que esas nuevas participaciones vayan a quien marca el plan. Otra, recurriendo a la autocartera, es decir, a participaciones o acciones propias de la sociedad que se reservan para destinarlas al plan, con los límites que la ley impone. Sea cual sea la vía, hay que comprobar que tus estatutos y tu pacto de socios encajan con todo ello: el régimen de transmisión, cómo y cuándo se ejecuta la entrada, qué derechos tendrá ese nuevo socio y cuáles no. Si tus estatutos restringen la entrada de socios, y la mayoría de las Sociedades Limitadas lo hacen por defecto justamente para controlar quién entra, el plan tiene que ser coherente con ellos. De lo contrario, el día de ejercitar la opción te topas con un choque entre lo que prometiste y lo que tus propias reglas permiten.
Con las phantom shares no entra nadie en el capital, de modo que no alteras la estructura societaria ni el cap table. Pero sigue habiendo un contrato exigente que redactar: el acuerdo que define cómo se calcula esa retribución, sobre qué valor, cuándo se cobra y qué sucede en cada escenario. Que no haya participaciones de por medio no significa que valga un acuerdo verbal.
Hay también una dimensión que conviene no perder de vista: la laboral. Cuando el incentivo se entrega a una persona empleada, el plan convive con su relación laboral y con sus obligaciones de cotización, y la forma de articularlo tiene efectos que no se pueden improvisar. Por eso un plan bien pensado se diseña mirando a la vez la cara mercantil y la laboral, no una sola de ellas. Lo concretamos contigo según tu caso.
Aquí surge la pregunta incómoda que casi nadie formula a tiempo: ¿qué pasa con todo esto el día en que el proyecto se transforma en dinero contante? Porque un incentivo ligado al valor de la empresa solo tiene sentido si está claro cómo se mide ese valor y qué ocurre en una operación.
La valoración no es un tecnicismo que se aparca para más adelante. Es el núcleo del plan. En las stock options determina a qué precio podrá comprar la persona y, por tanto, cuánto gana realmente al ejercitar. En las phantom shares determina lo que percibe, porque su retribución es un porcentaje de ese valor. Si la forma de valorar no se pacta de antemano, tienes el conflicto asegurado el día que haya que poner una cifra sobre la mesa.
Y hay dos momentos en que todo esto se pone a prueba. El primero, la entrada de un inversor: una ronda reordena el reparto, diluye a los socios y exige que el plan esté bien encajado para no chocar con lo que el inversor reclama. El segundo, la salida: la venta de la empresa, el día en que el proyecto se vuelve liquidez. Es el escenario que más ilusiona y el que peor suele prepararse. Un plan bien hecho contempla, para los dos casos:
Dejar la entrada de un inversor o la venta sin regular es como levantar una casa sin pensar dónde va la puerta. Todo marcha hasta que toca salir, y entonces descubres que nadie acordó por dónde.
Vamos a ser claros, porque preferimos decir las cosas como son. No tenemos oficina física en Málaga. Y para diseñar tu plan de incentivos, eso no te resta absolutamente nada.
Llevamos asuntos de empresas de Málaga y de toda España. Diseñar un plan de stock options o phantom shares es trabajo de despacho y de conversación, no de cercanía geográfica: se hace hablando contigo, entendiendo a tu equipo y tus números, y redactando con cuidado cada condición. Eso se gestiona perfectamente en remoto y, cuando el asunto lo pide, también de forma presencial. Lo que de verdad mueve la aguja aquí no es la distancia hasta un despacho, es quién piensa tus condiciones de vesting, quién elige entre stock options y phantom shares y quién redacta el encaje con tus estatutos.
Y hay un motivo de fondo por el que Málaga nos importa. La ciudad se ha convertido en uno de los polos tecnológicos más activos del país, con el Parque Tecnológico de Andalucía, el Málaga TechPark, atrayendo startups y empresas de base tecnológica que pelean por captar y retener a la mejor gente. En ese contexto, un plan de incentivos serio deja de ser un lujo y se vuelve una herramienta para no perder talento frente a quien paga más. Diseñar ahí un plan bien atado es exactamente lo que hacemos. Sin vender una proximidad que no toca, con el trabajo que de verdad importa.
Nos cuentas a quién quieres incentivar y con qué objetivo. Te decimos si encaja mejor stock options o phantom shares y por qué. Sin tecnicismos.
Definimos condiciones, vesting y permanencia, y lo reflejamos en los estatutos y en el pacto de socios para que el plan sea sólido.
Dejamos el plan listo para firmar y te explicamos cómo gestionarlo y qué pasa en una salida o venta de la empresa.
Este es el punto que más sustos provoca cuando se desatiende, y donde más vale tener la parte fiscal encima de la mesa desde el comienzo. Porque un plan mal planteado en lo fiscal puede convertir un premio para tu empleado en un problema compartido por los dos.
La base es sencilla: tanto las stock options como las phantom shares acarrean consecuencias fiscales, para la empresa y para quien recibe el incentivo. No es dinero que llegue limpio de todo. Cómo y cuándo tributa depende de cómo se diseñe el plan, y por eso el diseño fiscal no se relega al final: condiciona la estructura desde el primer trazo.
La novedad de peso, muy pertinente en un polo tecnológico como el de Málaga, es que la Ley 28/2022, conocida como Ley de Startups, mejoró de forma apreciable el tratamiento fiscal de las stock options en las empresas consideradas emergentes. A grandes rasgos, elevó la exención aplicable a la entrega de participaciones a personas empleadas y, sobre todo, introdujo una regla de diferimiento: la tributación deja de concentrarse de golpe en el momento de la entrega y se traslada al momento en que existe liquidez real, por ejemplo cuando esas participaciones se venden o la empresa sale a cotizar. Es un avance pensado para que las empresas emergentes compitan por el talento sin que la factura fiscal lo haga inviable.
Conviene mirarlo con los pies en el suelo, porque no es un cheque en blanco: ese trato favorable se aplica si la empresa reúne los requisitos para ser considerada emergente y si el plan está bien diseñado. Las phantom shares se rigen por sus propias reglas fiscales, distintas de las de las stock options. Aquí no vamos a soltar porcentajes de catálogo ni cifras que dependen por completo de tu caso. Lo que hacemos es plantear el plan teniendo en cuenta la fiscalidad desde el diseño, para que aproveches lo que la ley te permite y no te lleves un disgusto por haber ido deprisa.
Un plan de incentivos descargado de internet o copiado del de otra empresa es justo lo que no te conviene. Vale lo que valen sus condiciones, y esas condiciones tienen que estar pensadas para tu empresa, tu equipo y lo que tú persigues. Una plantilla no sabe si quieres dar entrada a un socio o solo recompensar, no conoce tus estatutos y no anticipa qué pasará en tu próxima ronda.
En Batanero Abogados nos dedicamos solo a Derecho Mercantil y Societario. No somos un despacho que toca un poco de todo. Esa especialización es la que permite ver venir, con antelación, los problemas que un plan mal diseñado destapa años después: el socio que no querías, el reparto descuadrado, el susto fiscal, el roce con el inversor, el conflicto en la venta. Los hemos visto, y por eso los anticipamos.
Diseñamos el plan contigo de principio a fin: elegimos la vía (stock options o phantom shares) según lo que de verdad buscas, fijamos las condiciones (vesting, cliff, precio de ejercicio, supuestos good leaver y bad leaver, qué ocurre en una salida), lo encajamos donde tiene que estar y ponemos la fiscalidad sobre la mesa. Y hablas directamente con la abogada que lleva tu caso, no con un comercial ni con una centralita.
Esta página forma parte de nuestro trabajo como abogado mercantil en Málaga, donde acompañamos a las empresas en todo lo que viene después de nacer.
Si quieres fidelizar a tu gente clave y no sabes por dónde arrancar, lo primero es verlo juntos. Cuéntanos a quién quieres atar al proyecto y qué pretendes, y te diremos, sin paños calientes, qué vía te conviene y cómo dejarla bien diseñada desde el principio.
Es la decisión de fondo. Las stock options son una opción de compra: la persona recibe el derecho a adquirir participaciones o acciones reales de tu empresa en el futuro, a un precio fijado hoy (el precio de ejercicio); si ejercita ese derecho, pasa a ser socia de verdad, con voto y entrada en el capital. Las phantom shares son un derecho económico que replica el valor de la empresa: la persona cobra en metálico como si tuviera un porcentaje, pero nunca llega a ser socia ni entra en el capital. En una frase: las stock options pueden darte un socio nuevo; las phantom shares premian igual sin tocar el control ni el cap table, y son más simples de gestionar.
No tiene por qué, si el plan está bien dimensionado y bien redactado. Las stock options sí abren la puerta a que la persona acabe entrando en tu capital, normalmente vía ampliación de capital o usando autocartera, así que hay que cuidar el tamaño del plan, las condiciones de ejercicio y el encaje con tus estatutos y tu pacto de socios, incluido el derecho de preferencia de los socios actuales. Si quieres incentivar sin dar entrada a nadie, las phantom shares te permiten recompensar igual manteniendo el control intacto.
El vesting es el sistema por el que el incentivo se va ganando con el tiempo y el cumplimiento, no entero el primer día. Lo necesitas para no premiar igual a quien cobra y se marcha a los seis meses que a quien se queda años a construir contigo. Suele acompañarse de un cliff, un periodo inicial mínimo durante el cual, si la persona se va, no se lleva nada. Un buen plan distingue además entre el good leaver (quien se marcha por motivos razonables) y el bad leaver (quien rompe el compromiso o se pasa a la competencia), porque no tiene sentido tratarlos igual.
La Ley 28/2022, conocida como Ley de Startups, mejoró el tratamiento fiscal de las stock options en empresas consideradas emergentes: elevó la exención en la entrega de participaciones a personas empleadas e introdujo una regla de diferimiento, por la que en lugar de tributar todo de golpe en el momento de la entrega, la tributación se traslada al momento en que hay liquidez de verdad, por ejemplo cuando se venden las participaciones o la empresa sale a cotizar. Eso sí, se aplica si la empresa reúne los requisitos para ser emergente y si el plan está bien diseñado: conviene verlo caso por caso.
Depende de la vía. Las phantom shares son un contrato de retribución y no tocan la estructura societaria: no hay entrada de socios ni movimiento de capital. Las stock options sí inciden en ella: cuando la persona ejercita la opción y se incorpora como socia, lo habitual es articularlo con una ampliación de capital, mirando el derecho de preferencia de los socios actuales, o reservando autocartera para el plan. Por eso las stock options tienen que ser coherentes con tus estatutos y tu pacto de socios desde el diseño, no improvisarse el día del ejercicio.
Son los dos escenarios que más conviene prever, y los que más se olvidan. Cuando entra un inversor, la ronda diluye y reordena el reparto, y el plan tiene que estar encajado para no chocar con lo que el inversor exige. En una venta, un buen plan contempla qué ocurre con las opciones que la persona aún no ha ejercitado, cómo participa en el valor que genera la operación, en qué orden cobra cada parte y qué pasa con la porción que todavía está consolidando vía vesting. Dejar esto sin regular es la primera fuente de conflicto cuando por fin llega el día bueno.

Soy Mercedes Batanero y dirijo Batanero Abogados. Me dedico al Derecho Mercantil y acompaño a emprendedores, startups, PYMES y empresa familiar: no a grandes corporaciones, sino a quien está levantando su proyecto y quiere fidelizar a su equipo sin perder el control de lo que ha construido.
Con los planes de incentivos, lo primero que hago es preguntarte qué buscas de verdad: que esa persona llegue a ser socia o premiarla sin abrir tu capital. A partir de ahí diseño la vía que encaja, con sus condiciones bien cerradas (vesting, cliff, good leaver y bad leaver, precio de ejercicio) y la fiscalidad sobre la mesa. Hablas directamente con la abogada que lleva tu caso, no con un intermediario, y te diré justo lo que necesitas escuchar, aunque a veces incomode.
Trabajo con empresas de Málaga y de toda España, en remoto y, cuando el asunto lo requiere, de forma presencial. Mi manera de trabajar es sencilla: explicarte las cosas en cristiano, dejar el plan bien diseñado antes de prometer nada y pensar en lo que puede salir mal antes de que salga. Colegiada ICAM 138229.
Cuéntanos a quién quieres atar al proyecto y qué buscas. Le damos una vuelta juntos, te decimos si te conviene stock options o phantom shares y dejamos el plan bien diseñado, con sus condiciones y su fiscalidad, desde el principio.
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